MONTERREY, 18 de agosto.- En la semana del Clásico el jugador suele estar más concentrado que nunca, metido 150 por ciento en sus entrenamientos, pero Francisco Fonseca se dio tiempo para cambiarle la tarde a un niño de 12 años de edad.
Elías Palacios sufrió a mediados de junio una caída mientras jugaba básquetbol en su escuela, lo que le ocasionó el rompimiento de una vena del cerebro, llevándolo al borde de la muerte.
Por ello, Fonseca, al conocer el caso del pequeño Elías, no dudó en ir hasta su casa para visitarlo, cambiándole por completo una tarde que parecía igual a cualquier otra.
“Qué ha habido”, fue el saludo de Fonseca, despertando una sonrisa en Elías, casi inexpresiva por su estado de salud, pero muy notoria para todos los que estaban frente al niño.
Desde su accidente el pequeño Elías lucha por volver a la normalidad, pues su cuerpo aún le falta un porcentaje de movilidad debido al coma en el que estuvo por cuatro días.
“Mira Kikin, ya puedo caminar mejor”, le dijo el niño al delantero de Tigres, mientras se incorporaba para dar unos pasos.
“Orale, que bien, al rato ya vas a poder darle de patadas a un balón allá afuera”, le respondió el jugador, quien no sólo convivió con Elías, sino con la familia entera, incluso hasta comió con ellos en un comedor improvisado en la sala de la casa de Elías.
Fonseca llenó de regalos a Elías, una playera, una gorra, una pulsera… todo autografiado por él. “Iban a venir todos los jugadores del equipo, pero no pudieron y te mandan saludos”, le dijo el Kikin a Elías mientras le autografiaba los souvenirs que le llevó.
miércoles, 19 de agosto de 2009
Una tarde de sonrisas
MONTERREY, 18 de agosto.- En la semana del Clásico el jugador suele estar más concentrado que nunca, metido 150 por ciento en sus entrenamientos, pero Francisco Fonseca se dio tiempo para cambiarle la tarde a un niño de 12 años de edad.
Elías Palacios sufrió a mediados de junio una caída mientras jugaba básquetbol en su escuela, lo que le ocasionó el rompimiento de una vena del cerebro, llevándolo al borde de la muerte.
Por ello, Fonseca, al conocer el caso del pequeño Elías, no dudó en ir hasta su casa para visitarlo, cambiándole por completo una tarde que parecía igual a cualquier otra.
“Qué ha habido”, fue el saludo de Fonseca, despertando una sonrisa en Elías, casi inexpresiva por su estado de salud, pero muy notoria para todos los que estaban frente al niño.
Desde su accidente el pequeño Elías lucha por volver a la normalidad, pues su cuerpo aún le falta un porcentaje de movilidad debido al coma en el que estuvo por cuatro días.
“Mira Kikin, ya puedo caminar mejor”, le dijo el niño al delantero de Tigres, mientras se incorporaba para dar unos pasos.
“Orale, que bien, al rato ya vas a poder darle de patadas a un balón allá afuera”, le respondió el jugador, quien no sólo convivió con Elías, sino con la familia entera, incluso hasta comió con ellos en un comedor improvisado en la sala de la casa de Elías.
Fonseca llenó de regalos a Elías, una playera, una gorra, una pulsera… todo autografiado por él. “Iban a venir todos los jugadores del equipo, pero no pudieron y te mandan saludos”, le dijo el Kikin a Elías mientras le autografiaba los souvenirs que le llevó.
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